Piedras en el riñón: por qué se producen y en qué casos es necesario operar

No todos los cálculos renales son iguales; algunos se eliminan de forma natural, mientras que otros pueden causar dolor intenso y requerir intervención médica. Su tamaño, composición y ubicación son determinantes.
Los cálculos renales son formaciones sólidas compuestas por sales minerales presentes en la orina. Estas sustancias, que normalmente se eliminan sin problema, pueden cristalizarse y acumularse en ciertas zonas del riñón, como los cálices, donde la eliminación de orina es más lenta. Cuando la concentración de sales en la orina es demasiado alta—ya sea por una ingesta insuficiente de líquidos o por otros factores metabólicos—estas pueden formar pequeños cristales, que con el tiempo pueden crecer y convertirse en cálculos renales.
Algunas personas son más propensas a desarrollar piedras en el riñón de manera ocasional, mientras que otras experimentan episodios recurrentes. En estos casos, es fundamental realizar un estudio metabólico con un nefrólogo para identificar la causa y establecer un tratamiento preventivo con ajustes en la dieta o medicación. En cuanto a la eliminación o extracción de los cálculos, la intervención corresponde a los especialistas en Urología.
Tipos de cálculos renales
"La litiasis renal es una enfermedad causada por la presencia de cálculos o piedras en el interior de los riñones o de las vías urinarias (uréteres o vejiga)", explica el doctor Ramón Delgado Lillo, responsable del Servicio de Nefrología de los hospitales universitarios Ruber Juan Bravo y Quirónsalud Madrid. "La más frecuente es la cálcica, que puede formar sales con oxalatos o fosfatos. La presencia elevada de calcio en la orina puede deberse a un trastorno hereditario del metabolismo del calcio, a un exceso de consumo de calcio en ciertos tratamientos para los huesos o a enfermedades sistémicas que elevan los niveles de calcio en sangre". Además, la dureza del agua consumida a diario influye: en regiones donde el agua es rica en calcio, su ingesta prolongada puede contribuir a la formación de cálculos.
Por otra parte, continúa el experto, "los oxalatos provienen principalmente de la alimentación, en especial de algunas verduras y quesos muy curados, mientras que los fosfatos están asociados a una dieta rica en proteínas y al consumo de conservantes alimentarios presentes en productos procesados, preparados y enlatados". Finalmente, existen otros tipos de cálculos menos frecuentes, como los formados por ácido úrico o los relacionados con infecciones urinarias.
Esta dolencia puede afectar a cualquier persona, pero ciertos factores aumentan el riesgo de desarrollarlos. En ausencia de una enfermedad metabólica subyacente, "los cálculos renales son más frecuentes en adultos que beben poca agua, siguen una dieta rica en proteínas y fosfatos o consumen excesivos suplementos de calcio", detalla el especialista. En la mayoría de los casos, la formación de cálculos está relacionada con hábitos dietéticos y de hidratación, "el consumo elevado de alimentos procesados favorece la eliminación de ácido úrico y fosfatos, que pueden cristalizar. Además, el sedentarismo contribuye a la movilización del calcio desde los huesos, lo que, combinado con una hidratación insuficiente, crea el escenario perfecto para la formación de cálculos".
También existe un pequeño grupo de personas con hipercalciuria familiar, una condición hereditaria en la que varios miembros de la familia presentan cálculos renales.
¿Cómo se diagnostican y tratan?
Para diagnosticar cálculos renales se utilizan tanto pruebas analíticas (sirven para detectar en análisis de orina cristales de la misma composición que el cálculo) como radiológicas. Estas últimas, explica el doctor Eduardo Martín Osés, jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, van "desde las más básicas, como radiografía simple de abdomen o ecografía de aparato urinario -que suelen ser las más utilizadas por su fácil y rápida realización, además de bajo coste-, hasta el TAC de aparato urinario (UROTAC) o la resonancia magnética (RMN)".
En cuanto a su eliminación, cuando el cálculo es menor de 7 mm las posibilidades de expulsión espontánea son muy altas. Pero hay ocasiones en las que es recomendable una intervención que resuelva el problema:
- Cuando el tamaño de la litiasis es tal que hace poco probable su expulsión espontánea.
- En el caso de riesgo de sepsis urinaria (anticipada, por ejemplo, por la presencia de fiebre).
- Cuando el dolor se controla mal con medicación.
- Presencia de una insuficiencia renal por la obstrucción provocada.
- Si el paciente tiene un único riñón que está obstruido por el cálculo.
"Si el tratamiento con medicación fracasa, como cuando se utilizan sustancias que alteran el pH urinario para las litiasis de ácido úrico, tendremos que recurrir a otro tipo de soluciones, que dependerán básicamente de la localización y tamaño del cálculo". A continuación, el doctor indica las principales técnicas:
- Litotricia extracorpórea con ondas de choque. Consiste en aplicar desde el exterior del cuerpo ondas de gran energía de forma focalizada sobre el cálculo para conseguir su fragmentación. Se utiliza en litiasis menores de 2 cm de la zona media o superior del riñón y en algunas en el uréter.
- Ureterorrenoscopia flexible. Un endoscopio que, gracias a su pequeño calibre, capacidad de flexión y alta definición, permite visualizar los cálculos en el interior del riñón y fragmentarlos para después extraerlos. Se utiliza para litiasis del polo inferior del riñón o no resueltas con litotricia.
- Nefrolitotomía percutánea, técnica en la que tras realizar una punción de la zona lumbar se accede al riñón con un endoscopio para introducir una fibra de láser u otro instrumento que fragmente el cálculo. Es útil en litiasis de más de 2 cm o con una ubicación que dificulte su resolución con otras técnicas.
- Ureteroscopia. Endoscopio para acceder al cálculo en el interior del uréter y una vez allí fragmentarlo y extraer los fragmentos generados Se utiliza en todo tipo de litiasis situadas en el uréter.
- Cirugía laparoscópica o robótica para cálculos de gran tamaño no resueltos por las técnicas anteriormente mencionadas o con alteraciones anatómicas de la vía urinaria.
Tras la intervención, también será necesario poner el foco en hábitos como una hidratación adecuada -suficiente para orinar al menos dos litros al día-, una dieta pobre en sal, aumento de la ingesta de frutas y verduras y combatir el sobrepeso. Y, en caso necesario, tomar la medicación que indique el especialista.